viernes, 4 de septiembre de 2009
Otra iniciativa interesante
Pues bien, mañana es sábado, un buen día para empezar. Yo ya lo hice la semana pasada.
martes, 1 de septiembre de 2009
Una iniciativa que me gusta
Aquí lo tenéis, en un artículo publicado sobre él. Para leerlo mejor, pinchad en la imagen.
sábado, 29 de agosto de 2009
Clientes inolvidables: Miss Marple
Llegó de parte de la oficina de turismo. Era la señorita Marple en persona, sombrero incluido. Sólo que ésta no podía ni con sus huesos, la mujer. Había venido para pelearse con quien hiciera falta con tal de que le devolvieran unas posesiones legítimamente suyas, y necesitaba alojamiento por unos días, pero no sabía cuántos.
- Espero que sea sólo una semana, pero depende de los abogados.
A medida que pasaban los días, Miss Marple iba poniendo a prueba la paciencia de los recepcionistas. Sus muchísimos años y su precaria salud creaban en ella unas necesidades que en ocasiones no se le podía satisfacer, ni era obligación de un hotel. Pero ella no lo comprendía y mostraba su contrariedad cada vez que esto sucedía.
Una mañana:
- ¿Puedes venir un momento? .- me preguntó una de las empleadas de la limpieza.
- Voy.
Me llevó hasta la puerta de la habitación de Miss Marple. En el pasillo, junto a la puerta, hay una repisa con guías telefónicas. Aquel día había algo más. Tenía que ser de Miss Marple, sin duda. El resto de los clientes eran demasiado jóvenes para eso. Yo monté en cólera.
- ¡Maldita sea! Pero, ¿qué se ha creído? ¿Que está ella sola en el hotel? ¿No puede tirarlo en la papelera de su baño? ¡No lo toques! ¡Que lo recoja ella!
- Pero, ¿y si lo ve más gente?
- No te preocupes, suele salir a estas horas.
Habrá quien diga que no es una reacción apropiada, pero a veces a los clientes hay que educarlos, vaya que sí. Algún día hablaré de ello.
En efecto, Miss Marple no tardó en salir y descubrió con horror lo que había dejado olvidado y que yo había juzgado mera desidia. No era esto, pues debajo de todo estaba también su monedero. Había sido un descuido con todas las de la ley. Recogió todo como pudo, asombrada de que nadie hubiera tocado su monedero.
- Menos mal que aquí hay buena gente.- repetía una y otra vez, mientras colocaba todo en su sitio. Yo me retiré a mi puesto.
Miss Marple acabó sus gestiones en diez días. La batalla había terminado, aunque no supimos a favor de quién. Pero lo cierto es que no me gustaría nada tenerla como rival en un juicio.
- ¿Y cuántos años tenía? -preguntó mi compañera cuando se fue.
- Cerca de noventa, creo recordar, según su DNI.
- Jope...
martes, 25 de agosto de 2009
Me fui sin decir adiós

Tras un par de semanas por la Castilla profunda, porque no creáis que me fui al Congo, veo con cierta angustia que las obras urbanas y las excavadoras siguen donde las dejé. No me han trabajado nada en mi ausencia. No debí perderles de vista, pero necesitaba ese paréntesis. La gran masa aún no ha llegado de sus vacaciones (probablemente en el pueblo, también de la Castilla profunda), así que aún tengo el privilegio de dejar el coche prácticamente a la puerta del trabajo. Si subimos al autobús, no hemos de hacer operaciones de espeleología entre cuerpos y mochilas hasta alcanzar ese trozo de barra que aún queda libre. Son pequeños detalles que hacen más liviana la vuelta de vacaciones. A partir del 1 de septiembre la cosa será otro cantar. Pero que venga. Estaremos preparados.
jueves, 30 de julio de 2009
Cuánta falta de leña
jueves, 16 de julio de 2009
Confusión telefónica

viernes, 3 de julio de 2009
Órdago

Había mirado el reloj con mucha frecuencia. No quería sobrepasar el tiempo de estacionamiento, que cumplía a las 5,30. A esa hora salí de la estancia. El edificio era grande y alguien me entretuvo un instante en el pasillo. La espera del ascensor me llevó unos dos minutos. Serían las 5,37 cuando alcancé la calle y me dirigí al coche estacionado cerca. El vigilante, alias "el gusano" (los llaman así porque hay uno en cada manzana), venía en sentido contrario al mío. "No vendrás de ponerme una receta", temí. Sólo son 5 minutos largos de retraso. Al llegar a la altura del coche, mis temores se vieron confirmados. Como en mi cabeza no cabían todos los improperios que se me ocurrían, algunos salieron fuera para dejar espacio a sus compañeros.
Miré alrededor y el gusano había huído vilmente. Cuando le di alcance habían pasado más minutos.
- A ver, ¿cómo se anula esto? - espeté secamente, con el papel acusador en la mano.- ¡Maldita sea, tío, son 10 MI-NU-TOS! ¡Podías haber tenido un poco de cintura, ¿no?!
- No, no, son veinte minutos, no diez.
- ¡Son diez! ¡Lo puse hasta las 5,30!
- No, está puesto hasta las 5,20. Pero si quieres, vamos a verlo. No hay nada más fácil.
- ¡Pues vamos a verlo!
Sabía que tenía perdida la partida. Era más que probable que me hubiera confundido yo. Al fin y al cabo, era un chaval joven, sin vista cansada, sin nada que hacer aparte de ver tiquets uno detrás de otro toda la tarde. Pero no me podía creer que me hubiera confundido en una cosa tan absurda. Y lo que es más importante: acababan de echarme un revido ("si quieres vamos a verlo") y no podía sino responder con órdago ("pues vamos a verlo").
Es fácil imaginar el final de la historia. El chico hacía su trabajo. Seguramente tendrá que enfrentarse a veces con tipos cuyo coche más valdría no haber visto en la vida.
Y yo me fijaré con más atención en la hora de los tiquets.



