"CUANDO LA VERDAD ESTÁ TODAVÍA CALZÁNDOSE LAS BOTAS, LA MENTIRA YA HA DADO LA VUELTA AL MUNDO" (Mark Twain)

viernes, 4 de septiembre de 2009

Otra iniciativa interesante

El sábado pasado, en su blog "Siete en Familia", Ángel hacía esta interesantísima propuesta, asequible a todas las fortunas.
Pues bien, mañana es sábado, un buen día para empezar. Yo ya lo hice la semana pasada.



martes, 1 de septiembre de 2009

Una iniciativa que me gusta

"Acentos perdidos" es el título del blog de Pablo Zulaica Parra, autor de un curioso proyecto: se trata de insertar TODOS los acentos que faltan en los rótulos de la vía pública. Ha creado unas pegatinas, descargables desde su blog, que son acentos de varios tamaños, en los que va escrita la razón por la que esa palabra se acentúa. Pablo, vasco de nacimiento y residente en Méjico (me niego a ponerlo con equis), no perdona ni vallas publicitarias, ni rótulos comerciales, ni carteles electorales.


Aquí lo tenéis, en un artículo publicado sobre él. Para leerlo mejor, pinchad en la imagen.

sábado, 29 de agosto de 2009

Clientes inolvidables: Miss Marple

Ésta es la verdadera Miss Marple (Joan Hickson)


Llegó de parte de la oficina de turismo. Era la señorita Marple en persona, sombrero incluido. Sólo que ésta no podía ni con sus huesos, la mujer. Había venido para pelearse con quien hiciera falta con tal de que le devolvieran unas posesiones legítimamente suyas, y necesitaba alojamiento por unos días, pero no sabía cuántos.

- Espero que sea sólo una semana, pero depende de los abogados.

A medida que pasaban los días, Miss Marple iba poniendo a prueba la paciencia de los recepcionistas. Sus muchísimos años y su precaria salud creaban en ella unas necesidades que en ocasiones no se le podía satisfacer, ni era obligación de un hotel. Pero ella no lo comprendía y mostraba su contrariedad cada vez que esto sucedía.

Una mañana:

- ¿Puedes venir un momento? .- me preguntó una de las empleadas de la limpieza.
- Voy.

Me llevó hasta la puerta de la habitación de Miss Marple. En el pasillo, junto a la puerta, hay una repisa con guías telefónicas. Aquel día había algo más. Tenía que ser de Miss Marple, sin duda. El resto de los clientes eran demasiado jóvenes para eso. Yo monté en cólera.

- ¡Maldita sea! Pero, ¿qué se ha creído? ¿Que está ella sola en el hotel? ¿No puede tirarlo en la papelera de su baño? ¡No lo toques! ¡Que lo recoja ella!
- Pero, ¿y si lo ve más gente?
- No te preocupes, suele salir a estas horas.

Habrá quien diga que no es una reacción apropiada, pero a veces a los clientes hay que educarlos, vaya que sí. Algún día hablaré de ello.

En efecto, Miss Marple no tardó en salir y descubrió con horror lo que había dejado olvidado y que yo había juzgado mera desidia. No era esto, pues debajo de todo estaba también su monedero. Había sido un descuido con todas las de la ley. Recogió todo como pudo, asombrada de que nadie hubiera tocado su monedero.

- Menos mal que aquí hay buena gente.- repetía una y otra vez, mientras colocaba todo en su sitio. Yo me retiré a mi puesto.

Miss Marple acabó sus gestiones en diez días. La batalla había terminado, aunque no supimos a favor de quién. Pero lo cierto es que no me gustaría nada tenerla como rival en un juicio.
- ¿Y cuántos años tenía? -preguntó mi compañera cuando se fue.
- Cerca de noventa, creo recordar, según su DNI.
- Jope...

martes, 25 de agosto de 2009

Me fui sin decir adiós

Sólo han sido quince días, pero no dejaba de pensar en que me había marchado sin dejar el cartel de "cerrado por vacaciones", como cada año. Y como una no va por la vida con el portátil debajo del brazo, los días han corrido, inmisericordes, hasta verme plantada de nuevo en la vida normal, como si nada hubiera sucedido, y sin haber podido modificar el blog.



Tras un par de semanas por la Castilla profunda, porque no creáis que me fui al Congo, veo con cierta angustia que las obras urbanas y las excavadoras siguen donde las dejé. No me han trabajado nada en mi ausencia. No debí perderles de vista, pero necesitaba ese paréntesis. La gran masa aún no ha llegado de sus vacaciones (probablemente en el pueblo, también de la Castilla profunda), así que aún tengo el privilegio de dejar el coche prácticamente a la puerta del trabajo. Si subimos al autobús, no hemos de hacer operaciones de espeleología entre cuerpos y mochilas hasta alcanzar ese trozo de barra que aún queda libre. Son pequeños detalles que hacen más liviana la vuelta de vacaciones. A partir del 1 de septiembre la cosa será otro cantar. Pero que venga. Estaremos preparados.

jueves, 30 de julio de 2009

Cuánta falta de leña

Sansón


Lo de la leña lo solía decir mi padre como comentario cuando veía las noticias en la tele. Creo recordar que veía cada día tres telediarios. Todos decían las mismas noticias, pero quería oír las distintas versiones, decía.
Sin embargo, en casos como el de Burgos, la conclusión era la misma: cuánta falta de leña, pero empezando por las autoridades. Porque eso sí, ahora habremos de soportar las condenas de unos y de otros, las caras largas, el "qué buenos somos nosotros, si os fijáis", "luego decís que llevamos al país a la ruina y éstos son peores", etc. Como si la solución fuese a venir sólo por el rechazo social, que a los terroristas les importa un bledo. Mientras no se les persiga en condiciones, no hacemos nada.
Mis condolencias y oraciones para los afectados. Gracias a Dios, nadie ha desaparecido del mapa, aunque el susto ha sido morrocotudo y las pérdidas materiales también.

* Esto está escrito el jueves por la mañana, antes del atentado de Palmanova. Parece ser que había que "rematar la faena", para lo cual no necesitaron estudiar mucho tiempo los movimientos de los guardias civiles. Ya se ve que les tienen en el punto de mira continuamente, incluso cuando parece que se están quietecitos. Ahora, yo en el lugar de los familiares, no dejaba entrar al funeral ni a medio político.

jueves, 16 de julio de 2009

Confusión telefónica


Siempre apago el teléfono por las noches. Hay quien no lo hace, pero paso de que algún deslavado se equivoque de número y me despierte a las 3 de la mañana. Hoy, al encenderlo de nuevo cuando salía de casa, ha entrado un mensaje. Dice que la llame, que no la importa que esté casado, que la llame al otro teléfono.

No sabía si contestar suplantando la personalidad del playboy o acosado y mandarla a freír churros y que luego discutieran entre ellos, o aclararle la situación y que se pusiera colorada. Aunque esto último lo dudo, porque para liarse con alguien casado hace falta haber perdido la dignidad y algo más.

En fin, la mía era una duda complicada para el poco tiempo que quedaba para la llegada del bus. Así que le contesté que se había equivocado y que no fuera fresca, que mirara a ver si al otro sí le importaba. Mientras, Alfonso, mi ángel de la guarda, se había adelantado a la parada para retrasar la llegada del bus un par de minutos. Cuando llegué yo, hablamos del asunto. El día aún no tenía más acontecimientos que comentar.

- Creo que tenía que habérselo dicho claro: "mira, hija, eres una z..."
- No, yo creo que lo que has puesto está bien. Pero, ¿no has olvidado algo?
- Ah, sí.
- Estas cosas nunca son por casualidad, ¿sabes? ¿Y si el que vas a rezar tú ahora es el único Avemaría que se lleva la del mensaje?

No me quedó más remedio que rezar alguno más.

viernes, 3 de julio de 2009

Órdago


Había mirado el reloj con mucha frecuencia. No quería sobrepasar el tiempo de estacionamiento, que cumplía a las 5,30. A esa hora salí de la estancia. El edificio era grande y alguien me entretuvo un instante en el pasillo. La espera del ascensor me llevó unos dos minutos. Serían las 5,37 cuando alcancé la calle y me dirigí al coche estacionado cerca. El vigilante, alias "el gusano" (los llaman así porque hay uno en cada manzana), venía en sentido contrario al mío. "No vendrás de ponerme una receta", temí. Sólo son 5 minutos largos de retraso. Al llegar a la altura del coche, mis temores se vieron confirmados. Como en mi cabeza no cabían todos los improperios que se me ocurrían, algunos salieron fuera para dejar espacio a sus compañeros.
Miré alrededor y el gusano había huído vilmente. Cuando le di alcance habían pasado más minutos.

- A ver, ¿cómo se anula esto? - espeté secamente, con el papel acusador en la mano.- ¡Maldita sea, tío, son 10 MI-NU-TOS! ¡Podías haber tenido un poco de cintura, ¿no?!
- No, no, son veinte minutos, no diez.
- ¡Son diez! ¡Lo puse hasta las 5,30!
- No, está puesto hasta las 5,20. Pero si quieres, vamos a verlo. No hay nada más fácil.
- ¡Pues vamos a verlo!

Sabía que tenía perdida la partida. Era más que probable que me hubiera confundido yo. Al fin y al cabo, era un chaval joven, sin vista cansada, sin nada que hacer aparte de ver tiquets uno detrás de otro toda la tarde. Pero no me podía creer que me hubiera confundido en una cosa tan absurda. Y lo que es más importante: acababan de echarme un revido ("si quieres vamos a verlo") y no podía sino responder con órdago ("pues vamos a verlo").

Es fácil imaginar el final de la historia. El chico hacía su trabajo. Seguramente tendrá que enfrentarse a veces con tipos cuyo coche más valdría no haber visto en la vida.

Y yo me fijaré con más atención en la hora de los tiquets.