- La culpa de que no haya colegios de otras religiones es de los católicos.
- Los padres tienen derecho a elegir cómo educar a sus hijos. Por lo tanto, que no se subvencione a los centros católicos.
"CUANDO LA VERDAD ESTÁ TODAVÍA CALZÁNDOSE LAS BOTAS, LA MENTIRA YA HA DADO LA VUELTA AL MUNDO" (Mark Twain)
lunes, 17 de junio de 2013
Última hora en tonterías
miércoles, 8 de mayo de 2013
Plataforma Mejora tu Escuela Pública
Unos berrean los jueves poniéndose una camiseta verde, y otros actúan.
Web: http://www.mejoratuescuelapublica.es/
sábado, 27 de abril de 2013
"Yo respeto"
Cuando, en el curso de una conversación, oigáis eso en alguien que acaba de definirse a sí mismo como anticatólico, tened cuidado: va a meteros a continuación una estocada como la copa un pino. Y posiblemente por la espalda.
miércoles, 17 de abril de 2013
No es igual
Quién más, quién menos, ha oído o dicho alguna vez que lo de arrodillarse ante el Santísimo "es igual"; que Dios no mira los gestos, sino el interior, etc. Aparte de que el exterior es reflejo de lo que se lleva por dentro, lo que se esconde detrás de ese rechazo a doblar la rodilla es el permanente orgullo humano, que se manifiesta incluso ante su Creador. Es verdad, nadie te va a pedir cuentas si lo haces o no. No es ninguna falta, ni nada de nada. Pero sí merece la pena pararse a pensar un poco: ¿qué te lo impide? Jan Verkade, cuya historia podéis leer aquí, nos cuenta su experiencia antes de convertirse al catolicismo. En el pueblo de Huelgoat, donde se hallaba una temporada pintando paisajes posimpresionistas, había una iglesia. Allí fue con un amigo. Aunque antes ya había estado en iglesias católicas, era la primera vez que asistía a una misa. De cara a la Consagración, todos los hombres se arrodillaron y recuerda Verkade:
“¿Cómo? ¿Yo arrodillarme? Mi orgullo protestaba con todas sus fuerzas contra semejante humillación. Pero yo estaba allí de pie, sobresaliendo entre todos; no podía hacer otra cosa y me arrodillé como los demás. Cuando los hombres se levantaron, también me levanté. Pero al levantarme algo había cambiado en mí. Era ya católico a medias, pues mi orgullo se había quebrantado. Me había arrodillado”.
No es igual.
domingo, 31 de marzo de 2013
"Gracias a Dios, todavía está con nosotros"
Son las palabras de la madre de Cristina, la niña del vídeo. Lo dedico a todas aquellas personas que se sienten lo suficientemente mejores que los demás como para decir que determinados enfermos no pintan ya nada en este mundo.
Que me tienen harta ya.
Que me tienen harta ya.
Y para la familia de Cristina, un 10 y todo nuestro cariño y oraciones.
domingo, 24 de marzo de 2013
Ver para creer
Hay cosas que sólo son explicables por medio del ejemplo vivo. Me explico yo también: resulta que hace unas pocas semanas, en el hospital, una enfermera ya talludita comentaba a otra paciente que una de sus hijas, casada, se veía obligada (no sé hasta qué punto) a trabajar una ristra interminable de horas al día fuera y lejos de casa. Su marido, que también trabajaba, sólo se reunía con ella prácticamente por las noches. La conclusión era clara: dadas las circunstancias actuales de crisis y tal, no iban soltar sus trabajos y por lo tanto no podían tener hijos, porque ¿cómo se iban a hacer cargo de ellos, si no paraban en casa ninguno de los dos?
Ignorando las demás circunstancias del matrimonio, como su situación económica y demás, no se puede entrar a juzgar si su decisión era lógica o no, aunque por lo que explicaba la enfermera, su hija no era empleada de limpieza precisamente. Tenía un cargo en la empresa "que no podía rechazar". Es decir, demasiado suculento.
A lo que iba: la gente te cuenta a veces unas situaciones que parece que hasta convencen. "Es verdad, ¿cómo van a tener hijos en una situación así?". Pero luego se ven ejemplos como los de esta familia del vídeo, y todas las "razonadas sinrazones" caen por su propio peso:
Desde aquí mando un cariñoso saludo a las familias numerosas que veo los domingos en misa. A veces los niños están muy revueltos, pero me divierte cantidad ver las caras de "pasmaos" que se les queda a todos los presentes que seguramente decidieron, con todo el sentido común del mundo, parar al segundo.
viernes, 15 de marzo de 2013
Bienvenido
Bueno, pues aquí lo tenemos. Nadie quiere ser Papa, pero al que le toca, le toca. Me gustaría saber qué se le estaba pasando por la cabeza cuando salió al balcón, porque al principio no reaccionaba ni con el gesto. Cuando empezó a hablar me tranquilicé. Ese acento suave, pero seguro al mismo tiempo, me produjo muy buena impresión. A lo que voy a tardar en acostumbrarme es al nombre de Francisco para un Papa.
Bienvenido, ejem...Francisco.
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