"CUANDO LA VERDAD ESTÁ TODAVÍA CALZÁNDOSE LAS BOTAS, LA MENTIRA YA HA DADO LA VUELTA AL MUNDO" (Mark Twain)

martes, 21 de agosto de 2007

Soy una joven de Juan Pablo II

Hace un año exactamente tuve una suerte inesperada: rezar al pie de la tumba de Juan Pablo II.

En mi familia no hemos sido muy trotamundos, que digamos. Venía el Papa a España y muy bien, que no se nos pase poner la tele a ver qué dicen. Lo admirábamos, lo queríamos, como corresponde a un buen cristiano, pero no nos movíamos mucho por hacer peña para ir a recibirlo. Por “azares” que sólo Dios sabe, mis hermanos y yo comenzamos a frecuentar asociaciones juveniles cuya formación cristiana se encomendaba al Opus Dei. Cuando había un acontecimiento de este calibre, allí nadie pensaba en quedarse en casa. Aprendimos que había que estar allí, que el cariño había que mostrarlo. Tenemos mucho que agradecer a aquellos clubes, pero algo muy importante es haber tenido la oportunidad de haber participado en aquellas jornadas inolvidables junto al Papa, por haber comprendido su importancia.

Juan Pablo II veía en los jóvenes de los 80 y 90 a los padres de familia del siglo XXI. Los que seguíamos al Papa al Bernabéu, o al Monte del Gozo, o a Cuatro Vientos, o a todas partes, gritando “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo” hasta perder el sentido, somos los que ahora nos batimos el cobre con quien corresponda, con tal de devolver a la familia la dignidad que le pretenden arrebatar, de obtener una educación escolar con un mínimo de sentido común, etc.

Juan Pablo II tenía una visión clara de la situación, buscaba a los jóvenes porque veía en ellos la esperanza. Y nosotros acudíamos a esas llamadas pasando por donde fuera: viajes agotadores de autobús (nada de aviones, nosotros por lo menos), calor por el día (aunque sólo nos dábamos cuenta cuando nos daba la sombra), dormir a la fresca también tenía su emoción (o en polideportivos, también muy habitual)

Una y otra vez le oíamos decir lo mismo: “¡No tengáis miedo!”. Aquellas palabras adquirían contundencia cuando sabíamos que estaban dichas por alguien que había sufrido el comunismo en todo su rigor, la persecución religiosa, la pérdida temprana de toda la familia... En fin, que sabía lo que valía un peine. Y, cuando ya apenas podía articular palabra, acudíamos a observarle. Ello era suficiente para regresar a nuestras casas como si hubiéramos oído el más elocuente de todos los discursos. Un buen maestro se hace entender sólo con la mirada.

Después de esto, ¿quién puede arredrarse ante las burlas de un gobierno indigno, de leyes injustas, de sociedades mal llamadas laicas, que utilizan su título de “demócratas” para vapulear a quienes les hacen frente, de persecuciones políticamente correctas? ¿Quién no tendrá fuerza para plantar cara cuando, donde y a quien haga falta? ¿Quién deseará la muerte ante una enfermedad difícil? ¿Quién pondrá límites a la vida?

Yo soy una joven de Juan Pablo II. Y ahora que mi década de los veinte ya ha quedado atrás y el correr de los años no hay quien lo pare, veo en Benedicto XVI a alguien que ha tenido la valentía de tomar el testigo más pesado que puede cargar un hombre de cualquier edad.

La enseñanza continúa.

De regreso

¡Hola a todos!
Vuelta a la vida habitual tras este paréntesis que necesitaba como el agua.

No podía imaginarme un lugar sin conexión de ningún tipo, más de 20 días sin poder asomarme a la blogosfera ni al correo electrónico, pero he sobrevivido, gracias a Dios.

Voy a darme una vuelta por ahí para ver lo que me he perdido y vuelvo en seguida.

martes, 31 de julio de 2007

Que nadie se vaya; vuelvo en 20 días


Del día 1 al 20 de Agosto este humilde blog permanecerá inactivo. Me esperan 20 días seguidos en un lugar sin Internet, aislada de la amable compañía de la blogosfera.
¿Sobreviviré?

viernes, 27 de julio de 2007

Ilusión profesional

Alguna vez he hablado del Mejor Colegio del Mundo, también conocido como Alcazarén. Entre sus alumnas hay verdaderas joyas que contribuirán en unos años con su trabajo a sacar adelante este mundo nuestro. También hay otras que, en fin, digamos que hacen lo que pueden. Todavía están labrando su personalidad en la etapa de la ESO, quizá en unos años empiece a vislumbrarse algo de lo que ni ellas mismas son conscientes ahora. Y por último también hay alguna que pasa sin enterarse de nada, dejando boquiabiertos a todos con su actitud ante la vida.

Desconozco el nombre de la protagonista del hecho, porque no lo presencié, pero reconozco que me hubiera encantado, sólo por ver la cara de su profesora. La alumna en cuestión acababa de terminar el Ciclo Superior de Alojamiento. Por lo tanto, ahora venían tres meses obligatorios de prácticas en algún hotel, parador o similar. No hay que matizar que la ilusión de todo alumno que se va de prácticas es que, pasado ese periodo, lo contraten. Para quien empieza a trabajar es un buen comienzo. Por eso, uno mira las posibilidades de la empresa donde va, si es grande, buena pinta, trabajadores satisfechos, jefes majos, etc. Y en el caso que nos ocupa, la profesora le anunció a su alumna que le había encontrado unas prácticas en un parador de cierto prestigio y le dijo el nombre.

- (Disgusto) Pero eso no tiene playa.
- ¿Cómo dices?
- Hija, sí, Carmen, búscame algo con playa, para mis horas libres.

Conste que la alumna no bromeaba. La profesora me lo contaba sin salir aún de su asombro y preocupada por si tal vez aquello no era un caso aislado, ya que cada vez observa menos espíritu de esfuerzo y trabajo en los cursos que entran. Lamentablemente, se trata de una tendencia generalizada. Empezó siendo un problema de disciplina en los centros de educación secundaria, luego fue pasando a los de primaria. Y ante una falta de exigencia en la educación, en la lucha por alcanzar un resultado, ¿quién se va a plantear objetivos profesionales apetecibles? No sea que vayamos a trabajar "demasiao".

Que no tiene playa. Prácticas en un chiringuito de refrescos en la playa del Pisuerga, te había dado yo. Toma playa.

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Empiezo a estar tan, tan harta...

Una de las cosas que más me cuesta pasar por alto es la tontería mezclada con mala leche. ¿Lo conseguiré algún día?

domingo, 22 de julio de 2007

Para animar a los sufridos catequistas

No digo su nombre porque ella no lo menciona, así que respetaremos su intimidad. Hace ya un tiempo decidió recoger en un blog todas las anécdotas, comentarios, preguntas, etc que sus pequeñísimas fieras le planteaban en catequesis. La idea fue brillante, porque, ciertamente, en ocasiones las ocurrencias de los niños dan que pensar a los mayores. Aquí hay un ejemplo que yo aún releo de vez en cuando.

El caso es que, entre unas cosas y otras, mi amiga tiene el blog un pelín atrasado, pero ella insiste en que no está terminado. Seguirá escribiendo en cuanto su salud y obligaciones profesionales y familiares se lo permitan.

Durante las vacaciones no ha perdido el contacto con los chavales, que viven todos muy cerca. La lucha ahora consiste en que continúen asistiendo a la misa dominical, aunque no tengan catequesis, siempre que sus poco fervorosos padres se lo permitan.

- ¡Hola, Alba! ¡Huy, qué cara de sueño traes!
- Sí, es que... Me ha costado más ir a misa hoy...
- ¿Ah, sí? ¡Pero lo has conseguido!
- Sí, es que, ¿sabes? Ayer vinimos mis padres y yo de viaje y llegamos a casa a las tres de la noche. Y hoy, cuando me he despertado, era ya la hora de levantarme si quería llegar a tiempo, pero tenía tanto sueño todavía, que he estado a punto de quedarme en la cama. Pero luego pensé en la ilusión que le iba a hacer a Jesús si iba y entonces me levanté. Y ahora tengo un sueño...

La conversación se prolongó un poco más, pero no nos importa. Yo también he dado catequesis y sé que si los padres no colaboran parece que predicásemos en el desierto. Pero como no podemos saber a ciencia cierta qué cae en saco roto y qué recogen, ahí dejo este hecho real cuyo parecido con la ficción es mera coincidencia.

viernes, 20 de julio de 2007

Modélicos

Los Simpson cumplen 22 años en breve, son líderes de audiencia en 40 países, van a estrenar película el 26 de julio y yo sin haber visto de ellos un solo capítulo. Y lo mío sí que es cierto, pongo a mis botas por testigos.

Mochilas, plumieres, camisetas, gorras, chubasqueros, cuadernos, bufandas, abrigos y un largo etcétera de artículos fueron asaltados hace tiempo por las feísimas e ictéricas imágenes de los Simpson. En ellas se descubre un niño problemático (es así como se llama ahora a los gamberros), descarado, irrespetuoso, como si pretendiera ser simpático a costa de la honra de los que le rodean, sus padres incluidos. Leo en una crítica sobre la película que el padre es un fiel reflejo del norteamericano medio, es decir, irresponsable, con problemas de alcohol y poca inteligencia. O sea, una joya ejemplar. La fotocopiadora a la que suelo acudir, luce en la pared, entre otras cosas, una imitación de lo que podría ser la radiografía de la enorme cabeza de este hombre, en la que apenas se vislumbra el cerebro. Modelo de ignorancia y estupidez, cuya gracia consistirá, seguramente, en ser continuamente humillado por sus hijos. Desconozco las características del resto de los personajes, pero con esos dos de por medio, seguro que componen una familia encantadora, llena de corrección y afabilidad.

Pues estos tipos ya tienen película. Según la mencionada crítica, “no hay tabúes: drogas, homosexualidad, ecología, desnudos, violencia, armas, religión…” En fin, algo totalmente apropiado para disfrutar distendidamente en familia.

No nos la perderemos.