
No asaltaron el Congreso a cara descubierta; pasaron por la estación de Atocha en hora punta para dejar allí un regalito.
No tuvieron en jaque a los diputados durante unas horas; en cuestión de segundos la hecatombe estaba servida.
No dispararon dos tiros al techo; se cargaron a 191 personas y dejaron heridas a casi 2000.
Resultado: satisfactorio. Estamos en democracia y hay que saber hacer las cosas.