"CUANDO LA VERDAD ESTÁ TODAVÍA CALZÁNDOSE LAS BOTAS, LA MENTIRA YA HA DADO LA VUELTA AL MUNDO" (Mark Twain)

miércoles, 11 de abril de 2007

Sin derecho a apelación

"La desavenencia de los padres daña más a los hijos que la separación." Gloria Zegrí, psicóloga clínica.

Hace un mes entraba yo en la biblioteca municipal para acceder a la red. En mi casa no hay internet. ¿Arcaico? Puede, pero tenemos el ordenador impoluto, ni medio virus, oiga. A lo que iba: acababa de colocarme en el ordenador que me habían asignado y al acceder a mi servidor de correo electrónico, vi que el anterior usuario no había cerrado correctamente su sesión. Es más, no había cerrado absolutamente nada, de modo que me di literalmente de narices con sus mensajes. En este caso se trataba de la bandeja de correos enviados. El último llevaba como título S.O.S.
Entre otros defectos que morirán conmigo, está la curiosidad. Y con un título así, un autor para mí desconocido totalmente y una absoluta impunidad amparándome, a solas con mi conciencia y tras una dura lucha (sí, no, sí, no...), terminé por leer el correo privado ajeno.
Pensé que se trataría de alguna petición de ayuda sin importancia (unos apuntes de última hora el día antes del examen, por ejemplo), pero no. Aquello era serio. Quien escribía decía tener 14 años e imploraba ayuda para superar la separación de sus padres. Su mensaje estaba redactado con una desesperación que habría conmovido a las piedras, con la angustia del que ha intentado lo imposible para superarlo, infructuosamente. Lo peor, si cabe, es que el mensaje iba dirigido al buzón de correo de una web infantil-juvenil, no a ningún amigo entrañable.
¿Qué lleva a buscar una salida en un desconocido? Intenté imaginarme a sus padres, probablemente ajenos a la angustia de su hijo, una angustia prematura que le supera a su edad.
"Tiene que aceptarlo", oigo decir en situaciones semejantes. Los adultos nos hemos olvidado de lo que suponía necesitar al padre y a la madre.
Todos necesitamos el agua. El día que nos falte tendremos que aceptar esa situación, qué remedio, pero al mismo tiempo lucharemos a brazo partido para recuperar de cualquier modo ese agua. Y que nadie intente impedírnoslo.
Que nadie intente impedir que los hijos reclamen a sus padres, a los que tienen derecho.

2 comentarios:

Miblog. Ángel dijo...

Egoismo, egoismo y egoismo. Pensamos más en nosotros que en los niños mismos en lugar de buscar las causas de los problemas y sus soluciones.

P.D. dijo...

Muy bueno. Desde luego es un asunto que merece una seria reflexión.
La separación de los padres hiere profundamente a los hijos por mucho que sea algo por desgracia cada vez más habitual.
En mi experiencia, a los hijos de padres separados se les priva en muchas ocasiones de la grandeza del amor, de la que te lleva a superar dificultades, a poner al otro primero, a tener una visión amplai de la vida y del mundo. Es una carencia que llevan toda la vida y afect a generaciones.
En ocasiones puede ser aconsejable una separación pero las altas cifras de separaciones, fundamentalmente en los primeros años de matrimonio, creo que se deben más a un "no querer luchar, adaptarse, y ceder" que a diferencias irreconciliables.
Personalmente creo que lo más duro del matrimonio es reconocer los porpios errores, y esos defectos con los que nos moriremos luchando.
Un saludo Altea y muchas gracias por la entrada.
P.D.